La acuarela me permite llegar al color, llegar a la transparencia y tratar desde allí plasmar lo que a mis ojos cautiva.
El agua dibuja,el pigmento da vida.
Es magia, es un instante congelado en la retina.

Los hijos



Hoy estoy super sensible.
De pronto me di cuenta lo delicada que es la pertenencia, porque en realidad no existe.
Desde que tengo memoria he escuchado esto que los hijos no son nuestros sino de la vida, Khalil Gibrán me lo enseñó desde mi infancia, y la publicitada frase, "déjalo volar, si vuelve, entonces será tuyo..."
Yo hoy tengo a mis hijos. Y los siento tan míos, sus olores, sus voces sus presencias, sus increíbles maneras de ver la vida, sus cariños.
Y me siento amargamente tan afortunada.
Miro a la más pequeña, de tres añitos, y observo con ternura que su vida es mi vida. Necesita tocarme, que la arruye como "una bebecita" me dice. Depende de mis alegrías, se asusta cuando me enojo.
Mi pequeña hijita. La huelo intensamente, porque ya he aprendido que es tan corto el tiempo en que sus manitas van a preferir las mías que al mundo. Que sus ojitos brillen con tanta inocencia, que sus pensamientos son tan rápidos, cándidos y tan llenos de amor libre, déspota y feliz.
Ella me ama. Y yo la adoro. Es mi conexión con la vida, con la concepción, con lo que me resta de juventud en un cuerpo que decide ir hacia la madurez.
La mayor es mi trascendencia, mi espíritu que de alguna manera se acopla al de ella y sueña otra vez a hacer la vida. Es dulce, y todavía mía. Inexplicablemente, aún es mía.
En su plena adolescencia, en que parece que aflora cada día un espíritu viejo que ya sabe de qué se trata esto, y parece saberlo, es increíble. Ha crecido, ya es una mujer. Va a cumplir 17 en un par de meses y me parece increíble que también fui yo la que la acunó y la olió impetuosamente y que tontamente no me di cuenta que era tan rápido su pasar por mi pertenencia.
Y aún es mía. Aún me escucha, aún me pide arruyo. Aún le gusta pasar su tiempo conmigo.
Es como un pajaro libre, que cuando escuche el trinar de la vida va a volar feliz, sin jaulas, confiada en su instinto viejo, que a su tierna edad ya la hace tan acertiva y delicada.
Mi niño es un mundo en sí mismo. Claro que es mío, pero siempre ha sido mío en lo táctil.
De los tres, es el que más me robó mi espíritu. Es el que más me ha complicado y exigido. Es el que me hacía sentir que era mío, tanto que me confundía yo en él. Es el que he tratado de entender y con el que he luchado por que entienda. Es al único al que yo le quité mi seno de leche, al que despojé de mi piel, y al el que más he abandonado. Es el único de los tres que siempre me quiso suya, mientras las otras dos querían ver la vida. Corté yo el lazo de acero. Y esa es mi culpa.
Ahora es difícil llegar a él. Y es tan niñito aún.
En estos días de mordisquear el sabor amargo que va a ser ya no verlos niños, por lo que yo pierdo, y a la vez de acunar la esperanza de verlos en pelea firme y genial con la vida, un hombre hecho de valor y cariño. Y un par de mujeres que rujan sus espacios, sus amores y que sientan profundamente. Que aprendan a oler el amor de los que aman.
Entonces, hoy me veo triste. Porque soy feliz. Soy tan afortunada. Pero ya me duele, y eso que soy de las que no gusta de adelantarse mucho y prefiero vivir el presente con todos sus detalles.
Pero empatizo con la pérdida del que amo.
El, que no puede oler a sus hijas.
El, no puede sentir la pertenencia. El no puede abrazarlas como quisiera. Y lo más triste, es que no puede dejar que ellas le roben el espíritu porque no lo comparten. Al menos no aún y esa es mi esperanza. Ellas son ajenas, y él no entiende cómo entablar un idioma de valor, de esperanza, de respeto y de mirar el futuro con orgullo.
Mi amargura es esa. Me duele a mí como si fuera yo la madre de esas criaturas. Y son ajenas.
Entonces, mi desición hoy es vivir más aún el olor de mis hijos.
Hacerme cargo de la culpa de abandonar a mi niño en lo que yo sé que todavía puedo intentar buscarlo.
Acompañar a mi mujercita en lo que ella permita que esté, y saber reir con ella, que sienta que me va a tener cuando por fin la vida decida apartarmela.
Y a mi pequeñita, darle el valor. Darle la mirada profunda que atraviesa los ojos, las palabras, para que encuentre almas detrás de las personas, para que no las juzgue y aprenda a ser compañera.
Creo que es mi misión. Y estoy extremadamente sensible por eso.

4 comentarios:

Delia dijo...

Tu emoción es mi emoción. En España hoy es el Día de la Madre. Mi hija me ha dicho que su regalo de hoy es "darme amor". No hay regalos materiales hace tiempo, en casa nos dimos cuenta de que eran algo comercial y estúpido.
Sin embargo ella ya es hija de la vida, la vida me la arrebató tempranamente a los 13 años, me la devolvió mientras tuvo un novio a los 15 durante un año y medio (qué momentos, qué susurros, qué consejos, qué alegrías y qué penas compartidas). Después se acabó todo, ahora tiene 17 y cumplirá los 18 en agosto... Su vida se centra en el estudio y sus confidencias ya no me pertenecen.
Su relación hacia mí lucha entre el cariño y la rivalidad, entre la rabia y el miedo.
Siento muchas veces su despotísmo adolescente, sus miradas hambrientas de provocación, su reveldía. Me pregunto muchas veces si ésta será otra etapa más, si se acabará pronto porque no puedo resistir y resisto. Sueño con que madure y me quiera de nuevo. Que demuestre ese cariño, mejor dicho. Su amor de día de la madre ha consistido en dos abrazos muy sinceros, un intento de compartir su preocupación por los estudios...el resto lo de siempre, enfurruñamientos y algunos gritos (los propósitos eran buenos, pero la realidad está siendo otra y me hace sufrir).
También un día la acuné en mis brazos, también un día (no parece tan lejano) movía su cuna y cantaba cuando la tenía entre mis brazos, también un día buscaba mi mano para protegerse ante cualquier peligro y se me lanzaba al cuello....
Tus hijos no son tus hijos, son hijos de la vida. ¡¡¡Qué difícil aceptarlo!!!

Delia dijo...

Este comentario anterior está casi robado de mi entrada de hoy en mi blog de AMAR EL ARTE. Viene muy al caso y está aqui como comentario también a la tuya. Las dos sintiendo lo mismo y a tanta distancia en este planeta.

Pamela dijo...

Casi me haces llorar...
Qué increíble que tus palabras, cuando mi bebita era aún más bebita, me resuenan aún en los oídos "aprovecha, huélela, abrázala, que el tiempo pasa demasiado rápido y estos momentos ya no van a volver"...y la verdad lo único que hago con mi bebé es abrazarla, besarla, mimarla...y mehace falta tiempo para hacerlo más! Ya siento la pérdida, la distancia, y hay que ver que duele, pero la mismo tiempo soy feliz, orgullosa y me encanta saber que he sido parte de una creación tan hermosa...

picaro dijo...

Me gusta leerte Marcela.
Cuantas emociones y sentimientos compartimos las mujeres!
Mujeres de distintas edades, nacionalidad, cultura, que nunca nos conoceremos, pero que sentimos igual.
Yo muchas veces pienso cuanto me gustaría volver atrás en el tiempo, no para cambiar nada de mi vida, sino para poder disfrutar de nuevo de esas manitas, de esa mirada en que la madre es el ser más importante del mundo.
Tristemente o alegremente, porque la vida es así, mis hijos se hiceron mayores. De los 4 aún todavía la pequeña sigue pensando que su mamá es muy sabia y su mejor amiga, pero pronto pasará, muy pronto, tiene 16 años...